CARACAS, domingo 25 de octubre, 2009 | Actualizado hace
El 13 de noviembre de 2007 murió de dengue en el hospital Los Magallanes de Catia Eduardo Silva Briceño, de 17 años. Su mamá, Carelia Briceño, que trabaja allí como enfermera, me contó que tanto Eduardo, como su otro hijo Víctor José, nacieron en ese lugar. Sus pasillos y espacios fueron recorridos por sus niños cuando eran pequeños. Corelia ha pasado allí más de la mitad de su vida. Ha sido un espacio vital en el que forjó sus afectos, sus mejores momentos, pero también las circunstancias más tristes. El día que vino a El Universal a denunciar la manera en que murió su hijo menor, Carelia no paraba de llorar. Como enfermera del banco de sangre ella misma preparó las plaquetas para la transfusión que debían hacerle, porque "me conozco la cartilla, para mí es como hacer arepas". Sin embargo, según cuenta, la doctora de guardia no quiso colocarle la transfusión y se mantuvo indolente ante los signos de alarma que revelaban que Eduardo estaba colapsando por la baja de sus plaquetas. "No sé cómo regresar al hospital, y verle la cara a las personas que dejaron morir a mi hijo" reveló, aunque reconoce que sus compañeras enfermeras se portaron muy bien. Ver su muerte fue como una película en cámara lenta, me explicó. Antes de irse, dejó colar una amarga reflexión "¡Tantas vidas que he ayudado a salvar y mi hijo se fue sin que hicieran nada! Si eso pasó conmigo, qué queda para la gente de la calle". Continuar leyendo
El otro día le escuché por radio una expresión interesante al arquitecto y urbanista William Niño: se refirió al plan de racionamiento, como "el día de parada del agua". Y luego razonaba que así como es lógico que en una ciudad en la que hay exceso de vehículos se racione su uso, cuando hay problemas de luz y de agua, también debe (no sólo racionarse) sino también racionalizarse su consumo, en beneficio de aquellos a quienes no les llega. Este planteamiento permite colocar el problema fuera del terreno de la polarización, e iguala la medida del día de parada –que las autoridades del gobierno central no permitieron instalar- con los planes de racionamiento de electricidad y agua, que han sido tan divulgados, defendidos y promocionados por las autoridades de Hidrocapital, Elecar y el mismo presidente Chávez. De esta manera, desarma de argumentos la medida de prohibir el pico y placa, por ejemplo, para hacer evidente la intencionalidad de dejar sin poder a las autoridades de la oposición. Continuar leyendo
¿Está presente el desarrollo, como concepto pero también como propuesta a la sociedad, en nuestros medios de comunicación social? Esa es la pregunta que se hizo una iniciativa llamada Observatorios en Red y que magistralmente sintetizó en el libro "¿Desarrollo? encuentros y desencuentros entre medios y ciudadanía" Rosa María Alfaro. Para ello realizaron el monitoreo de la cobertura de este tema en 41 periódicos en ocho países, entre ellos Venezuela, actividad en la que analizaron 7.955 informaciones publicadas. Escrutando las noticias hicieron varios descubrimientos que vale la pena relevar si queremos superarnos y avanzar. No todo es desalentador. El análisis tiene un tono constructivo que permite a quienes somos parte vital de la construcción de un periódico reconocer avances y atender descuidos. Continuar leyendo
Lo que menos ha tenido relevancia en la decisión sobre el Sambil de La Candelaria, es lo que piense la comunidad, en particular sus vecinos más cercanos. Ese pueblo que sufrirá o disfrutará de las consecuencias o ventajas de la construcción que ocupa una cuadra entera. Al que han llamado, "el centro comercial y de entretenimiento más grande del centro de la ciudad". Desde mediados de diciembre pasado, cuando el presidente Chávez anunció de manera sorpresiva que el Sambil de La Candelaria "no va" y propuso que en su lugar funcione una clínica o una universidad, han transcurrido más de once meses, y en todo ese tiempo no se realizó ni una reunión o consulta con la gente, a pesar de que los vecinos se reunieron insistentemente y recogieron más de 11 mil firmas solicitando ser escuchados. Tampoco se realizó un referendo o las mesas de trabajo que, pocos días después de hablar Chávez, prometiera el alcalde de Libertador, Jorge Rodríguez. Ni siquiera el alcalde Antonio Ledezma, que hizo de este tema una bandera los primeros días de enero, fue constante en acompañar a los vecinos en su lucha. Ellos se quedaron solos, con la compañía de los pocos obreros que no querían perder sus trabajos. Continuar leyendo
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