No sería justo despojar a Zidane del Balón de Oro. Él fue elegido legítimamente por más de 700 expertos en fútbol como el mejor de todo el Mundial y por un incidente en un solo juego -aunque sea la final- no debe ser juzgado tan duramente. Él ya recibió su sanción por el cabezazo. Tarjeta roja, fuera del partido. Su permanencia en esos últimos 15 minutos hubiera podido cambiar el resultado del juego; quizás hoy la historia sería otra. ¿No es ese ya suficiente castigo? Y sí, es un ser humano de carne y hueso como cualquiera, no un "iron man" con teflón a prueba de insultos o golpes. Materazzi apostó a irritarlo y Zidane cayó en el juego. Se equivocó, sí. ¿Y quién es alguien para juzgarlo? Errar no lo hace menos digno, sino más cercano tal vez. Y, por ello, más admirable, porque siendo "uno como uno" Zidane es quien es y llegó a donde todos lo hemos visto. Y allí sigue.
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