Hoy, 2 de enero, los Tiburones deberían estar disputando su primer juego del round robin. Pero no. La Guaira ha quedado al margen de la fiesta de la postemporada en la misma campaña en que los grandeligas Salvador Pérez y Jeanmar Gómez pudieron hacer, al fin, su debut en la liga.
Poco importó el empuje que trajeron Gregor Blanco y Héctor Sánchez al conquistar el anillo de Serie Mundial con los Gigantes de San Francisco y mucho menos imponer un récord histórico para la franquicia con 73 jonrones despachados. Todo se vino abajo por el endeble cuerpo de pitcheo.
El manager Marco Davalillo se pasó la campaña caminando del dugout al montículo mientras llamaba a sus relevistas desde el bullpen. Al hacerlo, escuchaba rechiflas e improperios desde la tribuna por el bajo rendimiento que presentó su staff de lanzadores jornada tras jornada; inning tras inning, lanzamiento tras lanzamiento.
Que distinto fue este año para los Tiburones, que venían de vivir su mejor campaña en 25 años. El fracaso invita a realizar una revisión exhaustiva en la que la directiva, gerencia y cuerpo técnico deben hacer mea culpa por los errores cometidos.
El sol no se puede tapar con un dedo. Salvo contadas excepciones, el staff de pitcheo de los Tiburones estuvo por debajo del nivel de competencia que la liga local reclama, por lo que deben encontrarse soluciones inmediatas para que no vuelva a ocurrir este descalabro el año que viene.
El gris rendimiento de los escopeteros de La Guaira rozó cifras de escándalo. Según el recopilador estadístico Moisés Díaz, solo en 22 ocasiones su pitcher abridor pudo completar al menos tres innings, y en 45 cotejos, no llegaron a cerrar el quinto. La efectividad colectiva fue de 5.54, que no solo fue la peor entre los ocho clubes que hacen vida en la pelota local, si no que al compararla con los demás se nota el inmenso trecho que los separa (Cardenales fue el mejor con 3.57, escoltado por Zulia con 3.63). Los Tigres fueron los que permitieron más carreras limpias por cada nueve entradas después de La Guaira y concluyeron con 4.84.
Así no se puede aspirar a buenos resultados, ni haciendo trampa.
A pesar de semejante handicap, los Tiburones pasaron la primera mitad de la temporada con cuatro bateadores importados. Es decir, en vez de aprovechar los cupos de foráneos para atacar la debilidad del pitcheo, se blindó la ofensiva sin que existieran armas suficientes para preservar las ventajas.
La estrategia por poco funciona, pues las contantes conexiones de Alex Castellanos, C.J. Retherford, Scott Van Slyke y Darin Ruf hicieron olvidar que Gregor Blanco, Héctor Sánchez y Salvador Pérez estuvieron fuera durante las primeras de cambio. Pero a nuestro modo de ver las cosas, el equipo cuenta con talento criollo suficiente para hacer el trabajo defensivo y con el bate. La importación, en el futuro, tiene que estar enfocada en el pitcheo...
Es cierto que el cuerpo de lanzadores sufrió bajas inesperadas por las lesiones y otras circunstancias. Se suponía que Héctor Nelo, Kendy Batista, William Avinazar y Vianney Mayo estarían disponibles para aportar su granito de arena; mientras que Joseph Ortiz no tendría las limitaciones que le impusieron los Rangers desde la mitad del torneo. Sergio Escalona tampoco pudo ser de la partida por la operación en el hombro izquierdo y pocos podían predecir que el aporte de Edgmer Escalona iba a ser tan irregular (1-1, 5.25 de PCL en 24 innings). Además, a pesar de ser incluido en el roster durante 2 semanas, Francisco ‘el Kid' Rodríguez se desapareció y no actuó en Venezuela por primera vez en 10 años.
A pesar de todo esto el equipo llegó a estar ubicado a solo medio juego de distancia del quinto puesto al comenzar la semana 11, período en el que no se respondió y se quedó fuera de carrera.
El alto mando de los Tiburones falló en este momento preciso, pues Tyson Brummett se marchó porque así lo estipulaba su contrato, Les Walrond viajó para casarse, a Andre Rienzo se le murió la abuela y a Shairon Martis le molestó el hombro. Para colomo de males Jeanmar fue vapuleado. A falta de un plan B se tuvo que improvisar con la rotación de abridores en la semana crucial del campeonato, un error que pasó factura con la eliminación.
Al margen de esta situación, nos hubiese gustado ver en play durante más tiempo en esta campaña a jóvenes como Carlos Sánchez y Rafael ‘Balita' Ortega. También nos pareció que se entregó a Eduardo Escobar y Rossmell Pérez por poco talento. Y no se trata de hacer leña del árbol caído, acá siempre hemos tratado estos temas con la sinceridad que se requiere.
Oscar Salazar brindó un aporte importante para los triunfos de La Guaira en años anteriores, pero en los dos últimos torneos su producción con el bate se vino abajo. Aun así ‘el Cachi' participó en 49 de 54 desafíos en los que estuvo disponible para el manager Davalillo, una confianza que no fue retribuida con la producción requerida.
Davalillo asume su cuota de responsabilidad. "Soy un manager que le brinda confianza a sus peloteros en las buenas y en las malas y por eso mantengo mi posición en todo lo que hice. Los 34 jugadores no pueden jugar al mismo tiempo y coloqué a los que pensé que podían hacer un mejor trabajo en el momento que creí indicado. Es obvio que nos faltó profundidad en el pitcheo abridor, pues nunca pudimos tener una rotación fija. Los brazos jóvenes tampoco aprovecharon la oportunidad que se les dio y el exceso de trabajo de los relevistas pasó factura. Eso sí, no estoy librándome de culpa. No tenemos excusas. Tenemos que hacer una evaluación importante de todo lo que ocurrió en esta eliminatoria. Nuestro pitcheo no estuvo a la altura de la competencia y eso no es nada nuevo, es un problema que venimos enfrentando desde hace años en los Tiburones. Esta es una liga muy competitiva, difícil y complicada. Lamento que las cosas no hayan salido como quisimos y que no pudimos siquiera cumplir la primera meta que nos trazamos.", reflexiona el estratega sumergido en un despecho que no había experimentado en el pasado.
Este fue un diciembre distinto para el dirigente, pues en la 2011-2012 se alzó con el premio Manager del Año, tras dirigir la mejor eliminatoria para los Tiburones desde 1983.
Davalillo no había terminado una zafra con tan mal sabor como el que le deja esta. Él se estrenó como estratega en la pelota local durante la temporada de 1999-00, cuando obtuvo el triunfo en los tres juegos que dirigió para los Caribes como interino, por una ausencia de Alfredo Pedrique. Con la misma tribu oriental dejó marca de 9-6 en la eliminatoria de 2006-07 y luego obtuvo el primero de sus dos premios como Manager del Año al dirigir 39 laureles en 63 juegos con los pieles verdes en la 2007-2008.
El estratega fue despedido de los Caribes cuando el equipo cambió de dueños y enseguida los Tiburones lo incluyeron en el staff de coachs de Carlos Subero. Más tarde, al ser despedido Phil Regan en 2010, Davalillo quedó al mando y llevó a los salados a 20 triunfos en 34 choques. El año pasado celebró 37 victorias y se cubrió de gloria, pero en este diciembre se despidió escuchando rechiflas de parte de la afición en la UCV.
La gerencia y la directiva también han reflexionado por la eliminación.
"Hicimos un esfuerzo titánico, realizamos los canjes que consideramos necesarios, se realizó una inversión inédita, trabajamos 20 horas al día y al final no obtuvimos lo esperado. Esta es nuestra peor temporada en los últimos años", afirmó el vicepresidente del equipo, Antonio José Herrera. "Veníamos con un crecimiento sostenido y luego de tocar la cúspide el año pasado (primera final del equipo desde 1987), sentimos que caímos a un vacío inmenso que nos deja despechados".
Pero como las palabras se las lleva el viento y los hechos son los que producen resultados, en La Guaira afirman que ya se comenzó a trabajar para la próxima zafra. "Nuestra prioridad será ser agresivos para ejecutar cambios en pro de mejorar nuestro pitcheo. Prefiero que nos equivoquemos a la hora de buscar solucines, que mantenernos dormidos ante esta circunstancia", atinó.
"Pronto nos reuniremos con Marco (Davalillo) para evaluar su permanencia como manager. Para este equipo es muy importante clasificar al round robin. Por ahora sería irresponsable repartir culpas sin hacer la evaluación correspondiente con todas las partes".
El piloto tampoco asegura su estabilidad en el cargo. "Eso está por verse, hay asuntos que aclarar con la directiva en el momento en que nos sentemos a realizar la evaluación correspondiente de esta temporada. Yo estoy claro, siempre apuesto a mí. Escucharé sus puntos y opiniones y expresaré las mías. Es algo normal, eso es parte de esta profesión y pasa en todas las organizaciones. -Acá ha reinado siempre una buena relación con los dueños y todos los jugadores. Claro, como en todas las familias, a veces se presentan desacuerdos. El día que sienta que no puedo tener el control del equipo, daré un paso al costado con toda responsabilidad".
Oswaldo Guillén ha dicho que quiere dirigir a La Guaira. "Por ahora tenemos manager. No cruzaré puentes a los que no he llegado para evitar especulaciones", concluyó Herrera por su parte.
Amanecerá y veremos, pues también son duda para continuar con el equipo Jorge Velandia y Francisco Cartaya. Ambos afrontarán nuevos compromisos con sus respectivas organizaciones en Estados Unidos (Filis y Dogers); lo que podría jugar en contra de la labor que han venido desempeñando en Venezuela.
Sería una lastima no verlos por acá en el torneo que viene. "Hay años buenos y otros malos. De este vamos aprender mucho para no cometer los mismos errores en el futuro", dice Velandia, el gerente deportivo.
Y después de ver que los abridores acumularon foja de 6-16 (cuatro de esos triunfos fueron de Brummett) con efectividad de 5.55, luce lógico cambiar la estrategia en lo que a contratación de pitchers se refiere. De hecho, el desastre experimentado por los iniciadores, obligó al bullpen a trabajar durante 328.1 innings, una cifra espantosa comparado con los 219 actos que cubrieron los abridores.
Como escribí antes, así no se gana ni con trampa.
@viticoalbate