Leonardo Henríquez regresa a la pantalla. Un largometraje,
adaptación "libérrima" del "Cándido" de Voltaire
lo trae de vuelta. En pleno páramo, tal como hiciera
con el Macbeth de William Shakespeare, Henríquez ha rodado
la historia de este siervo bondadoso, suerte de Buda del siglo
XVIII que cae desgracia pro contemplar la santa geografía
corporal de una doncella. Henríquez camina por espinosos
senderos en uno más de sus atrevimientos cinematográficos.
La cinta que ha bautizado como "El Infierno Perfecto" se estrenará
en el Festival del Cine Venezolano de Mérida. En esta
entrevista habla de sus razones y de un nuevo rol que probablemente
termine por alejarlo del cine: el de escritor.
-Después de Macbeth de Shakespeare, adapta Cándido
de Voltaire. Por qué le ha dado por revisar los clásicos.
Siempre quise estar bien acompañado… También ocurre
que esas historias son cada día más contemporáneas.
Creo que lo que vivimos actualmente es una comedia trágica,
con momentos difíciles, pero tan surrealistas que causan
hilaridad. O sea, tiempos muy volterianos, escépticos
y cínicos pero interesantes al fin. Estas adaptaciones,
si bien fueron complejas en su estructura, filosóficamente
fueron un paseo. El mundo no ha cambiado tanto como se piensa.
Las miserias son cíclicas, y lo que fue válido criticar
en 1.700, lo es todavía hoy día.
-El Infierno Perfecto a fin de cuenta que es: los celos,
la miseria, la avaricia o en definitiva la vida en la tierra.
-Es la historia de un joven con un extraordinario naufragio
existencial.
-¿Cómo llevó el uso de los planos digitales,
los efectos por computadora?
- La manipulación de la imagen fue total, tanto en los
efectos digitales en after efect, como en la edición.
El trabajo lo hizo uno de mis alumnos de la Escuela de Medios
y, de un sólo golpe entré en el siglo XXI. Luego
el video fue pasado a 35mm aquí en Caracas. En fin,
una experiencia rimbombante. Además, muy económica,
creo que no hemos gastado más de 300.000 millones de
los viejos. "Sangrador" fue realizada en 35mm, en blanco y
negro, con una estética muy severa. En cambio "El Infierno"
es una producción en video digital, muy manoseado, con
una estética barroca a veces. Sin embargo, se parecen
en la actuación teatralizada y en la economía de
recursos.
-En El Infierno Perfecto echo de menos al Leonardo Henríquez
más incisivo, el de las imágenes inesperadas, el
más cínico. ¿Qué ha pasado. El texto requería
ese tono?
-Es cierto, por pudor, abandoné el cinismo. Recuerda
que vivimos una revolución asombrosa, y no hay sino que
escuchar a un ministro para provocar renunciar al cinismo.
Son insuperables.
-El Infierno Perfecto tiene mucho de Diego Rísquez.
¿No siente que le ha robado la película un poco
desde la dirección artística?
-Esa pregunta me recuerda el cuento de Woody Allen cuando
decía que si Bacon escribió la obra de Shakespeare,
entonces quién escribió la de Bacon… pero, en realidad,
las películas de Diego las dirijo yo.
-¿Se ha quedado preso de la literatura?
-El cine es literatura hecha imágenes. Pero, ya que
insistes, sí. Los textos que intenté traducir al
cine son hermosos, inmejorables, cargados de filosofía,
en el buen sentido de la palabra.
-La mitad de su vida la ha pasado dedicado al cine. ¿Cómo
se siente, un poco Quijote, Héroe, Antihéroe?
-La otra mitad de mi vida fue más fácil, pero no
me hicieron conocer el mundo.
-¿Hay algo de Infierno Perfecto en el cine venezolano.
Es cuesta arriba pero da placer hacerlo?
-Mis rodajes nunca han sido un infierno, y algunas veces,
casi perfectos. Mis dos últimas películas las produjo
Alberto Arvelo y fue una garantía de profesionalismo.
Agreguemos a esto que tuve como colaboradores a lo más
preciado del cine nacional. Nombres como (Diego) Risquez,
(Czeary) Jawosrki, (Stefano) Gramitto hicieron del rodaje
un paraíso.
En cuanto al cine que se realiza actualmente, algo está
siendo olvidado: el cine de autor, porque el cine actual pareciera
buscar la taquilla y no el contenido. El problema consiste
en que, muy a menudo, el cine actual fracasa en la taquilla
y, por las concesiones también en el contenido, produciendo
peliculitas insulsas.
-Se mudó a Mérida y la convirtió en set cinematográfico.
¿Qué historias se imagina allá?
-Mérida es una entelequia muy bien gestionada. Allá
se puede filmar cualquier historia. Postales de Leningrado
se rodó en Mérida y emula cualquier geografía
y cualquier época.
-¿Cómo está la cosecha de nuevos realizadores
egresados de la ULA. Aventura algunos nombres. Tienen su misma
rebeldía o son menos profundos?
-Aquí seré positivista. Muchos de los egresados
están trabajando en el mercado audiovisual y se han ganado
una merecida fama de responsables y talentosos. Es curioso
como estos jóvenes entienden el fenómeno de la imagen,
algunos son irreverentes y otros intentan narrar de una forma
clásica pero con contundencia generacional. Veremos que
pasa cuando crezcan, y no se desmoronen en la tentación
de las películas por encargo.
-Y en el resto del país, ¿qué le gusta y qué
no le gusta del cine venezolano?
-Admito, con complejos, que se está haciendo un esfuerzo
enorme para producir más películas. Sería mezquino
negar esa realidad. Pero, quizá, porque es mi oficio,
pueda criticar los mecanismos de producción y la tontería
que debemos realizar un cine nacionalista. Y aquí regresamos
al problema de fondo del cine de autor. Veamos, cuando Chalbaud
indagaba en la realidad, en la violencia y sus consecuencias,
era visto como cine autoral, comprometido y demás, un
cine muy honrado y sacralizado. Ahora bien, cuando se hace
"Secuestro Express" algunos la llamaron basura porque mostraba
lo miserable del país, como si ahora todo fuese distinto.
Que alguien nos explique esa vaina… La cultura oficial
jamás puede ser una panacea para no mostrar el país
tal cual es. Entonces nos vamos atrás, a las engañosas
historias, para realizar cine de encargo porque a algún
funcionario se le ocurrió un día que esos son los
temas más convenientes… Entonces, si prevalece el dogmatismo,
esto terminará en la insólita circunstancia que
el cineasta o filma con miedo, o será un soberano oportunista…
-Ahora prepara una novela. Ya está en plena revisión
del texto. Cuente su experiencia en este nuevo rol.
- Escribir no es nuevo para mí. Lo que si es novedoso
es que mi primera novela sea editada por Random House Mondadori.
Fue una novela escrita en un par de sentadas, experimental
y divertida de concebir. Es una suerte de vómito existencial,
porque tiene de todo…
-¿De qué va la novela?
-Por muy extraño que parezca, trata de un cineasta en
Asia… Y sólo adelantaré el título: Días
Misántropos.
-Se ganó una beca creativa y se va para Estados Unidos.
¿Qué piensa hacer allá?
-En realidad, se trata de una residencia literaria,
un extenso programa de la Universidad de Iowa. Tengo otro
libro de relatos en mente, y es una estupenda oportunidad
para decidirme si es esto lo que haré de ahora en adelante.