CARACAS, domingo 18 de octubre, 2009 | Actualizado hace
18.10.2009
09:08 PM
Pequeñas soluciones, como la que entregó el pasado sábado el alcalde Carlos Ocariz en Terrazas del Avila, y que brindará agua potable a 50 mil personas de esta urbanización y de los barrios de la parte norte de Petare (La Bombilla, Bolívar, La Parrilla, la Alcabala, entre otros), son caminos que debería transitar la ciudad para no morir de sed.
Se trata de una estación de bombeo que extrae 60 litros por segundo de la montaña. Sin llegar a ser una medida que permita atender a todo el municipio, Ocariz retoma una práctica olvidada que tuvo Caracas, y que permitía a unos 200 mil habitantes surtirse de 25 pozos, que en conjunto generaban 500 litros por segundo. Quizás puede generar risa la cantidad: frente al déficit de 4 mil litros por segundo que sufre la capital, estos pocos litros parecen insignificantes. Pero lo interesante de la medida es el protagonismo que puede otorgar a la gente.
Hace una semana los vecinos se quejaban por los botes de agua (se quejaban, pero pocos actuaban). Y aunque nadie ha medido la cantidad de agua que se desperdicia o el número de botes que hay en la ciudad, algunos llevan semanas o incluso meses regando agua limpia sobre las aceras.
Según los expertos, hasta 500 litros al día puede generar cada bote de agua, lo que según dicen, resulta insignificante. Pero quizás si contamos la que se desperdicia en cada uno de estos botes y aún más, si añadimos la que se pierde en llaves mal ajustadas o pocetas dañadas en nuestros apartamentos, sumaría una cantidad importante.
Recuerdo una visita que hice a un amigo, hace años atrás, y me ofreció cual elixir, agua de su nevera. El sabor dulce, la hacía de verdad especial. Era agua de su pozo. Así me dijo lleno de orgullo. El sabía todo lo que acontecía con aquella fuente, porque la comunidad manejaba y controlaba que no se perdiera su calidad y cantidad. Alertaban si estaba amenazada por invasiones, por fábricas, por gente inconciente: eran responsables de alguna manera, porque ejercían ciudadanía a partir de un bien colectivo.
La sequía que hoy sufrimos ocurre fuera de nuestro control. La solución que proponen (la construcción del sistema Tuy IV prevista para 2012) también está fuera de nuestro control. Cuando anuncien el cronograma de racionamiento (si lo hacen alguna vez, fue la amenaza que vivimos toda la semana pasada) tendremos que acatarlo, y tomar las medidas necesarias para que nos alcance con la que manden. Pero también estará fuera de nuestro control.
Sin embargo, podemos incidir en pequeñas cosas, las cuales a su vez, nos hacen libres. Como mantener o cuidar un pozo que surte a una comunidad, lo que exige una cuota de compromiso y responsabilidad. La comunidad de Terrazas del Avila no estará sometida al régimen de racionamiento cuando el resto de la ciudad sufra de sed. Pienso que pagan un pequeño precio por un beneficio inmenso.
Si cada caraqueño entiende que tiene un papel que jugar, podemos lograr el cambio.
Imagínense qué pasaría si todos los habitantes de una calle con un bote de agua, inundan de cartas y reclamos a las oficinas gubernamentales. Si además, reparamos las cañerías dañadas en nuestras casas. Y si aún más, cada quien cuida del medio ambiente para evitar que las fuentes de agua sigan agotándose.
Daríamos el cambio además si con esa misma fuerza organizativa exigimos a Hidrocapital información seria sobre sus planes para atender esta crisis, y si nos sentamos como interlocutores que somos a defender el agua de nuestra ciudad, pidiendo inversión, atención técnica, respuestas eficientes.
Pero para ello nos tenemos que sentirnos propietarios (del agua, pero también de nuestro destino) y dejar de seguir aguardando que sea otro quien de un paso para sacarnos del problema. Y tenemos que asumir que la sequía es, sobre todo, de personas comprometidas para cambiar nuestro destino y que todos somos parte de la solución, si realmente nos lo proponemos.
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