CARACAS, viernes 04 de septiembre, 2009 | Actualizado hace
Plaza del mercado en Varsovia con sus artistas
04.09.2009
11:59 AM
Encontrarse con la Polonia de hoy es rememorar el ayer. Varsovia, la capital de esta República de Europa del Este, conjuga su historia con la modernidad de una manera perfecta y permite a quienes la visitan quedar deleitados.
Muchos se preguntan qué hay que ver en esa ciudad, y para quienes aún sienten dudas, la respuesta es simple: desde allí se dio un ejemplo de resistencia al mundo, cuando cientos de polacos se levantaron contra el régimen nazi en 1944 y en represalia los alemanes bombardearon la ciudad destruyéndola por completo. Aún en sus calles se respira ese espíritu de valentía y entre las fuentes, las plazas o una discoteca, hay un recuerdo de esa proeza y la de historia latente de Polonia.
Desde que uno arriba a Varsovia todo luce misterioso y curiosamente algunas costumbres de los polacos son igual a la de los venezolanos: aplauden con mucha alegría tras el aterrizaje del avión, y casi siempre, cuando una persona sale del país, puede verse la terminal del aeropuerto llena de familias enteras que van a despedir a sus seres queridos. Y es que fue hasta hace diez años, cuando el país comenzó a levantarse económicamente tras su separación en 1990 de la Unión Soviética. Viajar al extranjero era una proeza.
Pero si de descubrir se trata, Varsovia se encuentra muy bien conectada y la distancia del aeropuerto al centro de la ciudad es relativamente corta. (Les recomiendo tomar un taxi hasta el hotel que escojan, los polacos poco hablan inglés y casi todo está en su idioma natal. Se usa taxímetro y las distancias son cortas y no es costoso). Trate de cambiar la moneda extranjera con la que viajen por los Zloty, la moda oficial.
Es por esa herencia política que la mayoría de los grandes edificios de la ciudad datan de la era soviética. Son altos y marrones, como el Palacio de la Cultura y de la Ciencia, construido en la década de los cincuenta por orden de Joseph Stalin como regalo para los polacos. Tiene una altura de 234 metros y desde su mirador del trigésimo piso se puede apreciar una bella vista de Varsovia. Pero quienes buscan revivir la experiencia de tomar un trago al estilo "soviético", el edificio cuenta con un bar que abre hasta después de la media noche y aún mantiene la decoración de esa época, con cuadros, lámparas e incluso las mesas. Dos cervezas polacas pueden costar unos cuatro dólares.
Frente al Palacio de la Cultura se encuentra la Estación Central de trenes desde donde podrá tomar el que desee para viajar a cualquier punto del país e incluso al extranjero. Desde Varsovia se puede ir a Rusia, Bielorrusia o Alemania, y el precio de los billetes no son costosos si quiere vivir la experiencia de viajar en trenes soviéticos. Si desean hacerlo, deben comprarlo con anticipación (www.pkp.pl)
Las mañanas en Varsovia son como en cualquier capital: ajetreadas, con mucho tráfico y dependiendo de la fecha en que viaje, el frío o el calor pueden traicionarlo. Una mañana ideal en la ciudad comenzaría partiendo del Palacio de la Cultura y de la Ciencia como punto de encuentro para llegar hasta la Ciudad Vieja y la Ciudad Nueva en donde hallará una mezcla de historia antigua y moderna unidas entre sí por cortos kilómetros.
Partiendo desde ese punto la idea es recorrer la Nowy Świat o calle Nuevo Mundo. Esta gran avenida cuenta con tiendas muy variadas. Restaurantes de comida tradicional e internacional, cafés, floristerías, librerías y su arquitectura es de estilo barroco, neoclásico y moderno. Nowy Świat forma parte de la llamada Ruta Real de Varsovia, una sucesión de calles con iglesias, edificios estatales y Palacios, entre ellos la Universidad de Varsovia, el Palacio de Bellas Artes y el Palacio de los Radziwill, que es la actual residencia del presidente de la República.
Desde Nowy Świat se puede llegar hasta la Ciudad Vieja y lo mejor de todo, caminando tranquilamente mientras se deleita con la maravilla de la arquitectura. En ese recorrido pasará por la Plaza del Castillo, que resalta por su color naranja intenso, y observará la gran columna del Rey Segismundo. En ese mismo lugar podrá deleitar a lo lejos el moderno puente Swietokryski, sobre el río Vístula.
Polonia es un país de profundos valores cristianos y católico. Cuna del papa Juan Pablo II e influenciada por la Iglesia de Roma durante siglos, y gracias a quien consiguió presionar por mayores libertades durante la era soviética, en Varsovia podrá encontrar una variedad peculiar de iglesias, prácticamente una en cada esquina.
En el mismo recorrido que sigue encontrará la Iglesia de la Asunción de la Virgen María y de los Esponsales y la Iglesia de Santa Ana. Esta última de estilo gótico, fue fundada en 1454 por la princesa Anna Mazowiecka para los bernardos. Si lo que busca es deleitar el paisaje se puede subir a su campanario neoclásico, y disfrutar de la vistas a la plaza del Castillo y a toda la Ciudad Vieja, de esta forma va cerrando su recorrido.
En esa ruta encontrará finalmente la Ciudad Vieja, levantada en el siglo XIV, pero que tras la II Guerra Mundial quedó totalmente destruida por los bombardeos; sin embargo, gracias al espíritu emprendedor y el amor de los varsovianos, se logró reconstruir en su totalidad. Esta proeza fue elogiada por la Unesco, que en 1980 declaró la zona Patrimonio de la Humanidad.
Lo más llamativo de la Plaza del Mercado en la Ciudad Vieja, son sus pequeños edificios que encierran el lugar, pintados de todos los colores. Allí podrá deleitarse con comidas tradicionales, incluyendo las exuberantes y jugosas salchichas polacas, un pato con manzanas que puede costarle unos 15 euros, o si lo que quiere es comida italiana, alemana, o francesa, podrá también encontrarlo. Mientras degusta algún plato o se toma un vino o cerveza verá como los violinistas pasan a su lado tocando una pieza de Chopin o Mozart al compás de las palomas que en las tarde abundan en la plaza.
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