CARACAS, domingo 14 de junio, 2009 | Actualizado hace
El actor irlandés encarna a un asesino a sueldo que se refugia en la medieval ciudad Belga, Brujas, y desde allí cambia su visión del mundo (Cortesía)
Además de conquistar mujeres Colin Farrell tiene tiempo para atender una apretada agenda laboral. Aunque ahora lo ocupa su papel de padre, él no ha descuidado su carrera y sigue siendo uno de los actores más ocupados en el mundo del cine.
Desde que este nativo de Dublín, hijo de un jugador profesional de fútbol, tuvo éxito con su papel estelar en Tigerland (2000), drama sobre la guerra de Vietnam de Joel Schumacher, ha participado en algunos éxitos, pero también ha tenido fracasos, como Alexander (2004) y Miami Vice, pero él dice que eso no le molesta. "Aunque la taquilla no sea muy buena& es una película y salí con algo que es benéfico para mí como persona y como actor", dice.
Entre sus trabajos recientes está El sueño de Cassandra, de Woody Allen, donde trabajó con Ewan McGregor; y Dos asesinos en problemas (In Bruges), de Martin McDonagh, que protagoniza junto a Brendan Gleeson.
Dos asesinos en problemas, es una comedia que se cruza por el drama en la que Farrell y Gleeson interpretan a dos asesinos a sueldo londinenses que quedan varados -por órdenes de su inaguantable jefe (Ralph Fiennes)- en la ciudad belga de Brujas después de un trabajo particularmente peligroso. Una vez allí, luego de conocer y mezclarse con los habitantes de la ciudad y los turistas, su visión de la vida cambia. En el filme, el giro está en la culpa y el arrepentimiento que constantemente ronda la cabeza del personaje interpretado por Farrell.
Es el primer largometraje de Martin McDonagh, un realizador que saboreó las mieles del éxito en 2006 al ganar un Oscar al mejor corto con IX Shooter, y en el que también actúa Ralph Fiennes.
"Ellos se están escondiendo y no sospechan qué les depara cada calle de esa ciudad", explica Farrell aludiendo a Brujas, la ciudad medieval mejor conservada de Bélgica.
De cierta forma, a él le ocurrió lo mismo cuando llegó a Hollywood y conoció la fama.
"Las candilejas y toda la atención me confundieron en un principio", continúa Farrell. "Al mismo tiempo, me pareció esclarecedor ver que en tan poco tiempo podía pasar de ser un don nadie a alguien que es acechado por la prensa".
Aunque últimamente, agrega, el brillo de los reflectores se ha apagado un poco: "Los paparazzi me han dejado en paz porque, francamente, ya no salgo tanto", dice. "Si llego a salir, son tan entrometidos como siempre. Pero no busco su atención. No les hago caso".
Para el irlandés, el ser una celebridad es su sueño hecho realidad, pero descubrió que tiene un doble filo. "Como en todo, hay pros y contras. Si yo quisiera evitar a la prensa, podría salirme del negocio, podría dejar de hacer lo que hago, pero me encanta actuar. Sin embargo, eso no significa que tenga que estar feliz con las intromisiones en mi vida", señala.
No obstante, Farrel, no se la lleva del todo mal con los medios, pues a través de esa vía, admitió publicamente, los problemas de su hijo, que padece del síndrome de Angelman, un desorden neurológico que ocasiona dificultades severas de aprendizaje.
"La gente es comprensiva", dice suavemente. "Mucha gente se me ha acercado después de leer algo acerca de mi hijo. Esas personas me dieron mucho consuelo en un tiempo muy difícil", cuenta.
Y agrega que ha recibido un alud de cartas de agradecimiento por poner ese devastador padecimiento ante la atención pública mundial.
"Pero ahora mi hijo está muy bien. Está haciendo cosas. Estoy muy orgulloso de él", afirma.
Hombre de gustos sencillos
Y aunque para muchos suene improbable, dado que ha pasado buena parte de los últimos años en la vida rápida de Hollywood, Farrell insiste en que también él es una criatura de gustos sencillos.
"He disfrutado de ser famoso", señala. "La fama nunca fue mi intención original cuando decidí ser actor. No creo que hubiera tenido la paciencia de estar en este negocio ni siquiera durante un mes si hubiera estado persiguiendo algo tan esquivo como es la fama. Hacer lo que me gusta es mi meta y gracias aeso he aprendido lecciones", finaliza.
Cindy Pearlman
THE NEW YORK TIMES / EL UNIVERSAL
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