Maracaibo.- Wilmer Sánchez soñaba con ver a la vinotinto, no había ido a la Copa América y tenía algunos años que no visitaba el estadio. A diferencia de otros compañeros de palco, él no trabaja en una oficina, es comerciante y tiene dos hijos pequeños, quizá porque no tiene que llevarlos se da el lujo de pagar un millón de bolívares para ver a la selección nacional. "Para mí la vinotinto lo es todo, vale más que un millón, gane o pierda". No es la primera vez que Wilmer hace ese sacrificio, el día del debut de Venezuela en la Copa América cerró su negocio y colocó un cartel que decía: "Hoy no trabajo porque apoyo a la vinotinto". Un día sin trabajo afectaría la quincena, pero su mujer no se lo critica. "Yo trabajo muy duro, además, viajando uno gasta más, esto es un gusto para mí".
Alexander también comparte la pasión por la vinotinto, y no le importó pagar un millón hasta que llegó al estadio y vio que la ubicación de sus sillas estaban al lado de un palco que valía sólo 300 mil bolívares.
Alexander estudia administración y no pagó su entrada, lo hizo su papá. Juntos viajaron desde Trujillo tres horas por carretera hasta Maracaibo para ver a la vinotinto. Ellos pueden brindarse la oportunidad de invertir dinero en el viaje, pero parte de pagar una entrada más costosa que el resto es tener beneficios que los demás no tienen. Ellos suponían que compraron una entrada para verlo en un palco con aire acondicionado, y cuando se vieron en la parte baja de la tribuna principal del Pachencho Romero, agradecieron que en Maracaibo no lloviera.
En la tribuna popular la decepción fue otra, pero era una historia que estaban esperando. Quienes pagaron por su entrada tuvieron que aguantar que cuando ya iba a comenzar el partido entraran todos los que se acercaron a esperar que una vez más el alcalde Giancarlo Di Martino ordenara abrir las puertas. La entrada había sido muy floja, los vacíos eran grandes. Igualmente no se llenó.
Pero la vinotinto contó con un hinchada que creía que se podía sacar puntos ante Argentina. Aquel estadio que antes prodigaba cariño a la albiceleste esta vez se atrevió a pintarlos. También a corear un "¡Sí se puede!" aunque la pizarra marcara un 0-2 en el descanso.
A la vinotinto se le hacía cuesta arriba, pero en cada aproximación al área argentina el público volvía a creer. En cierta forma fue un tributo por el primer triunfo conseguido ante Ecuador en Quito. MJRP